Bendito Dios, que creó el tronco y lo pobló de ramas

y de ellas colgó el fruto que alimenta nuestras almas.

Bendito el ángel que a ti te guarda

y deja tus sueños sobre mi almohada.

Bendito el día que de luz te inflama

y en la noche me trae tu luna blanca.

Bendito el viento que mi amor te lleva,

capitán de nubes en bajel de estrellas.

Bendito el pie que a mi te acerca

subiendo montañas de empinadas cuestas,

Bendita la barca que al mar se hace

y en el mar se adentra y a mi te trae.

Bendita tu mano que me acaricia

y deja sus huellas sobre mi piel,

bendito el ramo de margaritas

que nacen libres sobre tu tez.

Bendito el sueño que nos dibuja

enredaderas sobre la espalda,

bendito el hilo, sagrada la aguja,

que cosen mis manos sobre tu falda.

Bendigo al cielo al considerar

que te llena el alma de amor y paz.

José